domingo, 13 de julio de 2014

Revisando “El libro de la salsa” de Cesar Miguel Rondón

Es menester señalar la deuda, tanto del público salsero, como del ambiente académico, al iniciador de una visión de la música salsa como problema, como objeto de estudio.  Luego de su inmensa y prolija investigación sobre los orígenes, características, e influencias de la salsa surgió el interés sobre esta “una otra manera de hacer musica” (Quintero Rivera) que no pretendo reseñar aquí. Debo señalar así mismo que muchos de los conceptos aquí reseñados y mucho de la historia aquí contada han sido utilizados por diversos locutores y difusores de esta música sabrosa. Rondón ya nos contó la historia que muchos de nosotros hemos tardado años en conocer  amparados por la sofisticación y bendición del internet.  Voy a señalar algunas afirmaciones y datos hechos por el autor, advirtiendo que no se pretende agotar en estas páginas la totalidad de su estudio, ni ser exigente en el análisis y tratamiento académico, por eso obviaremos la citas y notas al pie de página. Además se dará cuenta de las observaciones hechas por el antropólogo Alejandro Ulloa quien tiene en su haber un ambicioso estudio sobre la salsa en Cali[1]

Algunos aspectos musicales.

En primer lugar  refiriéndose a la música salsa afirma que con Palmieri empieza una nueva etapa rompiendo con lo impuesto desde una visión americana y pomposa de las Big band,  “Eddie Palmieri continúa el uso del trombón inaugurado por  Mon Rivera, pero los arreglos eran tan agrios, con una ronquera muy agresiva que con él desaparece el lujo y la ostentación además de la delicadeza y finura, para convertirse en sonido reproductor de los cambios ocurridos en el barrio, el sonido de la calle.”  Señalando también a La Lupe con esa voz hiriente como la encarnación de ese puente entre las Big band y la musica de arrabal.

Para Rondón la descarga en la salsa deja de ser compleja como en el jazz y la guaracha  en tiempo de salsa deja el esquema cerrado de montuno, mambo y cierre, plantea también que la diferencia entre Colon y Palmieri radica en que el primero nunca dejo la base del son, mientras que Palmieri prescindía del baile dando prioridad al ritmo y armonía de lo cual podemos deducir que Palmieri es más para el disfrute y el gozo del oidor más que del bailador.

A partir de 1975, N.Y deja de ser la sede principal de las tradiciones y vanguardias y va dejando paso al sonido caribe de Puerto Rico especialmente, a la vez que se va notando un distanciamiento con la Fania, pero Cheo Feliciano es el único capaz de unir el viejo espíritu de la musica popular  con el carácter salsoso de los 70, con su feeling, elegancia y contundencia debió ser el cantante más importante de la salsa, pero su rebeldía y la incapacidad de la industria no hicieron posible ese hecho dejando la posta a otros con menos merecimiento.

En la película SALSA (1973) con la cual empieza el boom la fania  pretende cambiar el concepto sobre la salsa y quiere americanizarlo con el argumento de que los africanos trajeron el tambor y los americanos lo difundieron, con ello pretendían ocultar su expresión netamente barrial y esto con fines comerciales. Publican parte del concierto en Yankie  Stadium del que solo recogen la presentación y el tema congo bongo, el resto lo completaron en el Roberto Clemente.

Johnny Pacheco es sin duda un visionario de la música, sin embargo tenía preferencia por el sonido dejando un vacío a la manifestación barrial a través de los soneros. En el disco de Pacheco con Casanova se hace notorio los soneos más desarrollados que en lo hecho con el Conde.

Un dato importante para los apasionados de esta musica es que en 1975 se grabó en Cornegie Hall el concierto de la unión Tico – Alegre donde destaca una constelación de verdaderas estrellas. Un hecho importante es la visita de la Tipica 73 a Cuba En el disco intercambio cultural de la típica 73, participan virtuosos cubanos como Tata, Egues y Chapotin, con eso Cuba le da licencia de funcionamiento a la salsa, al decir que la salsa no tiene fronteras ni tiempo definido.

En 1976 se publica el disco Ready for Fredies auspiciado por Martin Cohen, donde reúne a los mejores músicos del momento con pretensiones de  hacer algo diferente a la salsa -según el autor- por que la salsa ya estaba entrando a su proceso decadente, idea que es muy difícil compartir

El hecho de que el autor mencione a El Quinto de Beethoven como uno de los mejores en la salsa da cuenta de su gusto y preferencia

Así mismo se sustrae al ambiente Fania y hace algunas observaciones interesantes acerca de algunos cantantes y soneros. A propósito menciona que Angel Canales no era de esos soneros brillantes pero sin embargo supo sortear sus limitaciones con un novedoso espectáculo, mientras que Roberto Torres se convertía en el más respetado junto a Meñique y Chivirico. Para 1976 Carlos Santos y Néstor Sánchez forman parte del Conj. Candela haciendo un par de buenos soneos, luego Carlos pasa a Loa Kimbos y Apollo Sound y Néstor Pasa a la Orq. Harlow. La típica ideal publica un disco salsoso titulado Fuera de este Mundo, producido por Perico Ortiz.



Maelo se inicia en la salsa con Cortijo, tocando en la playa contra la voluntad de su tío, con quien trabajaba de albañil. Era la época del “hambre de los negros” -en palabras de Maelo- por salir del arrabal y al igual que Benny rompe el esquema tradicional para atacar el montuno, llegando  más lejos que su predecesor al romper la melodía del coro y disparar una ametralladora de soneos. Más adelante Maelo se separa de Cortijo cuando sale de prisión y no podía volver a P. Rico. Cortijo no se acostumbró a la vida americana y Maelo graba con Kako, luego con sus cachimbos, es la época de La Tumbas con letras sobre la libertad. El tema El Nazareno nació de un anécdota en un procesión en Portobello, Panamá y le encargo a un tal William para su composición final.

Maelo había decaído en la voz y en contundencia hacia el año 1975 obligado a grabar por Fania temas que no necesariamente eran de su agrado. Sin embargo cuenta Roena que para la grabación de Las Caras Lindas Maelo pidió que le repitieran el coro del tres tocado por Hernández y haciendo alusión a que era una conversa se puso a sonear en el estudio quedando grabado de esa manera.

De otro lado manifiesta abiertamente que La Dimensión Latina era para el 75 la banda más representativa de Venezuela y que en N.Y triunfó porque reunía el sonido agresivo y el sabor para el baile, además de la calidad de Oscar de León que ya había superado a muchos soneros del norte, refiriéndose a la Fania. Sobre el sonero venezolano nos dice que  “La virtud básica de Oscar de León estaba en colmar las características fundamentales que siempre se le han exigido a lo largo de los tiempos a los cantantes de son: 1) especificidad y fuerza para cantar la parte llamada lírica, o son propiamente dicho; y 2) creatividad para inventar, con la musica y la palabra, en el desarrollo del montuno… siempre logró imprimirle un toque de novedad a los viejos sones, así como hizo con el montuno el centro de su especialidad, atacándolo con inteligencia, haciendo un juego continuo de las melodía que él moldeaba a su capricho y antojo, mientras que siempre tenía a mano la frase  oportuna que complementaba e incrementaba el espíritu y los números que cantaba.”

Más adelante relata de manera vivida y presencial lo que significó para el 75 Oscar y la amplitud e importancia de este monumental sonero. “Para este entonces ya Osar es un ídolo en Venezuela, los bailes donde se presenta siempre están saturados de multitudes que, en no pocos casos, sacrifican el baile mismo para pararse en frente de la tarima donde Oscar sigue haciendo de su bajo y su canto un espectáculo único. Asimismo, cada vez que se ofrece un concierto donde él está anunciado, el público lo recibe con una rendición casi absoluta, profesándole una admiración casi cercana a la histeria que más de una vez nos hizo recordar aquellas famosas avalanchas humanas que representaron los conciertos pop de la década de los sesenta.”

En el mismo contexto venezolano menciona da cuenta  de un listado de la salsa venezolana entre las menos conocidas menciona: Grupo Tres, Palladium, La Sociedad, La Selección, Ideal 78, Rebelión 75, Yacambú, Noraida y los Moré, Explosión Latina, Los Compadres, Los Pacheco, Grupo Clave, etc.                                       

Otra mención de vital importancia para los amantes de la buena música es el tratamiento que le da a algunos detalles y anécdotas acerca del suceso llamado Grupo Folclórico y Experimental Nuevayorkino, señalando entre otras cosas que algunos músicos que participaron en el Grupo Folclórico son Oquendo, Julio Collazos, Cardona, Reynaldo Jorge Oscar Hernández, Willie Garcia y Alfredo de la Fe, Armenteros y Nelson Gonzales en el tres. Además de los fundadores Los hermanos Jerry y Andy Gonzales.

A su vez en Libre participaron B. Rogers y José Rodríguez, el ex timbal de la Conspiración, Tempo Alomar y Pupy Torres en la voz, así como Cardona y David Valentín, además de Nelson Gonzales y el mismo Manny.  Al dar cuenta de estos acontecimientos concluye que fuera del ámbito Fania surgen vanguardias paralelas hacia el 77, El Grupo Folclórico, Libre, Puerto Rico All Stars  y El Trabuco Venezolano.

Un anécdota que da cuenta el libro es que el tema Oye lo que te conviene de Palmieri es creado en un contexto donde retomar la buena salsa luego de unas experiencias decepcionantes de crossover obligado por la disquera Fania. Otra historia conocida pero no por ello menos importante es la historia y éxito de Rubén Blades que se abrió camino desde 1970 con Pete Rodríguez, donde no tuvo el éxito deseado y regresa como abogado de la compañía, señalando que su labor como cantante es desplazado por el de compositor. Solo en 1975 Barreto lo rescata como sonero y así empieza su despegue y el de la salsa narrativa.

La mirada académica
Hemos visto en líneas anteriores que Palmieri  inaugura el sonido que se fue convirtiendo en el relato musical de la cotidianidad del barrio, es éste un fenómeno de interés sociológico y antropológico en tanto que genera prácticas y usos simbólicos en las personas que recepcionan y utilizan este producto cultural de nuestra modernidad-mundo (Ortiz).

Uno de los aspectos fundamentales del libro es la caracterización del fenómeno salsa, entendida como la síntesis de varios géneros de la musica popular latinoamericana dejando al descubierto pinceladas musicales y voces familiares  del barrio específicamente, ya que para el autor el barrio latino es igual en todos lados.  “…Si la salsa ha de ser la música que representa plenamente la convergencia del barrio urbano de hoy, pues entonces ella ha de asumir la totalidad de ritmos que acudan a esa convergencia. La salsa, pues, no tiene nomenclatura, no tiene por qué tenerla. La salsa no es un ritmo y tampoco es un simple estilo para enfrentar un ritmo definido. La salsa es una forma abierta capaz de representar la totalidad de tendencias que se reúnen en la circunstancia del Caribe urbano de hoy; el barrio sigue siendo la única marca definitiva. En este sentido, la salsa no puede partir de una música rigurosamente nueva, eso es absurdo. El barrio implica una amalgama de tradiciones, un amplio espectro donde al igual puede aparecer un tango, que una ranchera, una gaita, una cumbia, un son o un guaguancó. Por supuesto todas esas expresiones mantienen su especificidad…”  En palabras del autor diríamos que el barrio es su única marca definitiva.

Tanto la salsa como el bajo mundo están insertos en una amplia red discriminatoria en varios niveles es así que el malandraje asume la salsa como producto simbólico que los identifica y construye, porque para el autor la salsa no es música de malandros, ambos responden a un sistema opresivo, afirmar lo contrario es caer en un simplismo demagogo. El malandraje como hecho social y antropológico puede ser cantado en la salsa, pero desbordándolo mucho más, porque si bien los malandros fueron los primeros en asumirla, no son los únicos, ya que el desarraigo se manifiesta en diversos estratos del caribe urbano.

Bajo esta premisa y demostrando una documentación e información previa Willie Colon dibuja un escenario basado en la guapería relatada en el viejo son cubano pero imprimiéndole un carácter más urbano y marginal, con esto dejo de ser alarde anecdotario para convertirse en real y cotidiano, permitiéndose jugar con la tradición de la violencia y haciendo su canto más global. Es a partir de historias contadas por sus antecesores que construye con fines comerciales la imagen de Malo. Cabe mencionar que para el autor los primeros temas fabricados en Cuba tenían un carácter narrativo hasta la década del 40, luego eso se perdió hasta el surgimiento de la salsa, sin embargo desde la misma salsa Blades le devuelve esa identidad.

Un hecho trascendental es que La salsa entra por primera vez a los museos en Venezuela con una conferencia-recital de Rondón y Álvarez, en Caracas de 1977, esto es un preludio de la importancia académica que despierta desde hace más de 30 años.

El principal argumento del libro de Rondón se reduce a  que la salsa es una manifestación del barrio y para el barrio, y una música netamente urbana lo cual es refutado tajantemente por el estudioso Alejandro Ulloa en un artículo titulado La salsa: Una memoria histórico-musical (Ulloa Sanmiguel) en la que no encuentra apropiado llamar a la música salsa como la crónica del caribe urbano, porque contiene referencias no urbanas y ritmos no necesariamente caribeños. “Una de las características principales de la salsa, en su lírica y en su ritmo, es el permanente vínculo con el pasado, su línea de continuidad con los ancestros «y el permiso de los mayores» a los que invoca con frecuencia a través de los tambores. Esta relación con el pasado de una sociedad tradicional, no urbana, plena de oralidades y polirritmias, (África primordial y luego el Caribe colonial o republicano) hace que en ella aparezcan las voces del tiempo, anterior a la gran ciudad.”

Según Ulloa El término salsa en el contexto de N.Y se menciona por primera vez en el tema Ritmo Caliente en 1961, antes que Richy y Bobbie Cruz visitaran el programa de Phidias Danilo y mucho antes del 75 que es donde contextualiza Rondón el uso comercial del nombre salsa. “Como ya lo expresamos en páginas anteriores, es ésta la primera canción en Nueva York en mencionar el término salsa cuando dice: /Mi ritmo caliente/ me gusta el ambiente/ /mi ritmo con salsa /con trombón y flauta/…Como ya lo hemos dicho también, la palabra que se volvería una marca comercial, años después, ya flotaba en el ambiente y era utilizada por los músicos de la Alegre All Stars, como quedó registrado en esta grabación de 1961 y en otras posteriores con la Alegre y con la Charanga Duboney.”

Para  Rondón La música cubana deja de ser fundamental cuando empieza la década del 70, y señala que el trombón se vuelve determinante e identificativa de la salsa sin embargo Ulloa también lo descalifica:  “Así pues, la referencia cubana seguía vigente pero ya no era la única opción. La búsqueda, la experimentación y los cambios se daban incluso a través de otros formatos y el uso de otra organología, pues no fueron sólo los trombones los que identificaban la salsa, ya que cada banda intentaba diferenciarse de las demás por su sección rítmica, por los instrumentos melódicos o su cuerda de vientos, como sucedió con Joe Cuba y su sexteto que incorporó el vibráfono otros se definieron por las trompetas como Ricardo Ray, o combinaron trompeta, trombón y violín (La Moderna de Ray Barreto), o como lo hicieron años después los hermanos Lebrón cuando integraron trompeta, saxo, trombón y guitarra para el LP «Distinto y Diferente». Estos ejemplos ilustran bien que la salsa desde su nacimiento era diversa en formatos, tendencias y estilos.”

Así mismo coincide con Rondón en cuanto a la importancia cultural del barrio, pero discrepa en cuanto al son como única base y a lo caribeño como la única forma expresiva afirmando que esa concepción es muy reduccionista. “Ahora bien, aunque compartimos sus postulados sobre la dimensión cultural del fenómeno, nos distanciamos frente a su periodización y los criterios. Examinado retrospectivamente la producción salsera en los primeros 20 años, hoy podemos decir con certeza que ni «el son era su principal forma expresiva», ni «la salsa era netamente caribeña», como categóricamente afirma Rondón. Ya hemos elaborado varios argumentos en esa dirección, concluyendo en su condición neoyorquina la guaracha, el mambo, el bolero, el danzón, el chachachá, el guaguancó y la rumba cubana eran tan importantes como el son – y como lo fueron en algún momento el jazz, el R&B,[2] el boogaloo y la pachanga - para el surgimiento y desarrollo de la salsa. Y aunque los géneros de la música antillana (cubana y puertorriqueña) eran fundamentales, se mezclaron de muchas maneras con géneros y ritmos que no eran del Caribe.”

Rondón menciona dos momentos de la salsa antes de 1970 donde prevalece el sentido del barrio y, a partir de los 70 donde desaparece ese sentido barrial y puro volviéndose comercial. Ulloa sin embargo señala que la salsa no es pura como deja entrever Rondón y que siempre fue comercial ya que nace en la sociedad moderna donde todo se compra y vende. “…Todo su argumento se desvirtúa cuando descubrimos que la década del 70 es, tal vez, la más prolija en producción salsera, buena, regular y mala, como había sido antes y como lo ha sido siempre. Tanto las temáticas iniciales alusivas al barrio que continúan vigentes, como otras temáticas inéditas que inauguran la década con las composiciones de Rubén Blades, son la muestra palpable que contradice a Rondón.”

Reformula además el concepto «amalgama de tradiciones» que utiliza Rondón y establece el de memoria musical para designar repertorios múltiples en la conformación de la musica popular de Latinoamérica y el caribe y en la construcción y formación de nuevas identidades.  “Estamos tejidos por las letras y la melodía de muchas canciones; somos también fragmentos de música, fraseos de algún ritmo aprendido en nuestra infancia, recuerdos sonoros evocados sin pensarlo, o acercados por la presencia rutinaria de la canción mediatizada…Como memoria, constituye un remanente de sonoridades, refugio de melodías que encuentran en el corazón un lugar para el sentimiento y en el cerebro un lugar para el recuerdo.”

En suma lo que pretende el estudioso Ulloa no es tanto discutir las influencias de tantos artistas, ni sus características musicales, eso lo deja para los biógrafos y musicólogos. El propósito principal es reconocer el trabajo pionero de Rondón y la relación barrio-salsa, pero aportando observaciones a su postulados sociológicos principales además de rebatir algunas afirmaciones en cuanto al origen y características de la salsa como memoria musical de Latinoamérica y no solamente del caribe urbano y la afirmación de una periodización reduccionista.




Referencias Bibliográficas

Ortiz, R. (s.f.). La modernidad-mundo. Nuevos referentes para la construcción de las identidades colectivas.
Quintero Rivera, Á. (s.f.). El debate sociedad-comunidad en la sonoridad. El desafío de la musicas "mulatas" a la modernidad eurocentrica convencional. Recuperado el 1 de noviembre de 2013
Rondon, C. M. (1980). El libro de la salsa. Crónica del caribe urbano. Caracas: Arte.
Ulloa Sanmiguel, A. (s.f.). La salsa. Una memoria histórico musical. Recuperado el 10 de febrero de 2013





[1] Ulloa San Miguel Alejandro (1992) La salsa en Cali. Universidad del Valle
[2] Ritmo Blues

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