viernes, 24 de octubre de 2014

Reseña: Dioses y Amores Mortales

Reseña

Valcárcel Carnero, Marcel, Alberto Escalante ed. (2014) Dioses y amores mortales. Lima, 168 páginas.

Sin pretender hacer disquisiciones literarias, ni mucho menos analizar la forma del libro en cuestión, sólo mencionare que se trata de una novela histórica con matices etnográficos muy bien trabajados en el contenido.
El libro se divide en 19 capítulos donde describe las peripecias de un navegante que durante 3 años fuera de su lugar natal deja constancia, en un diario, que en ese momento tenía la forma de crónicas viajeras, en este documento redacta sus denuncias de actos corruptos, motivo por el cual será ejecutado.
La historia empieza con la partida de Sebastián Benalcázar en agosto de 1685 quien una vez en la tripulación se hace llamar Diego Rey de Castro, La razón la sabremos en el desenlace de la trama. Su primera parada la realiza en México, luego de 7 meses de viaje en donde fue recopilando historias y anécdotas de piratas y corsarios. A su llegada a México donde ya había transcurrido 150 años de virreinato en esta parte del mundo recorre lugares, prueba la gastronomía local y deja en desamor a Alejandra García Moctezuma, en su permanencia de 3 meses ya que tuvo que partir con destino al Perú, que era su objetivo principal.
De “La Florida” embarcó luego a “Virgen de las Mercedes”, durante esta travesía pasó por Panamá luego, en Perú contempló el puerto de  Paita para desembarcar en El Callao, donde permaneció 3 meses más esta experiencia le sirvió para conocer una gran cantidad de especies marinas. En esta parte de la historia nos queda claro que el Callao es una zona de entrada a la Ciudad De Los Reyes. Es interesante el recorrido que hace a caballo del Callao hacia Lima siguiendo la ruta del rio Rímac, con sus chacras y matorrales difíciles de recorrer; vemos a Lima con sus 30 mil habitantes en un contexto de intercambios de metales preciosos que fueron la codicia de piratas y corsarios.
Titu Díaz Quispe es el indígena que lo llevaría a su destino final Arequipa y, en el camino le fue enseñando el significado de los volcanes y otros paisajes naturales. Este viaje lo hicieron montados en bestias, animales leales al indígena. A su llegada a Arequipa ya sabía el origen del nombre, realizado en un contexto estratégico y de resistencia a los ataques de Manco Inca y el inicio del violento mestizaje.
La urbe arequipeña es descrita de manera magistral con sus solares abandonados y la venta ambulatoria, además de su gastronomía donde destaca el “chupe de camarones”.
De otro lado, en este lugar se dio cuenta con mayor énfasis de las injusticias y abusos cometidos contra los indígenas, pero lo indignante para él era que estos atropellos eran justificados por sus paisanos en especial por su vecino Miguel Chávez, “como una consecuencia de lo hecho por Caín y Abel”, y con argumentos poco convincentes como “si no conquistas, te conquistan”, o “…los naturales de estas sociedades idolátricas deberían darnos las gracias, les hemos traído al verdadero Dios, valores superiores, la escritura  y tantas otras cosas de orden material.”
 El autor, mostrando una lucidez y brillantes recursos, que merece el reconocimiento y la lectura obligada de la obra, con una prosa muy bien trabajada y rica en detalles, a través de su personaje Diego Rey de Castro, refuta y deja en ridículo a su interlocutor dejando en claro su amplio conocimiento de la cultura aborigen, sobre todo de la Cultura Inca, y de los males que trajeron los españoles, concluyendo con un contundente “…Sí, nos trajeron luces y sombras”.
Luego conoce a Santiago Malaspina quien sería su confidente y, a quien le cuenta su interés por La Indias, recibiendo de éste, información sobre la temida Santa Inquisición, de su funcionamiento, a su vez de la posibilidad de ser apresado y castigado por esta “institución del mal” en palabras del autor.
En el valle del  Colca es testigo de la resistencia cultural y religiosa a través del sincretismo religioso, nos narra acerca del Taky Onkoy, las prácticas religiosas, la extirpación de idolatrías y las ofrendas humanas con un ejemplo magnifico de una fémina. A la vez que nos ilustramos con una descripción del paisaje de la puna.
Antes de pasar al desenlace nos regocija con un acontecimiento humano: el enamoramiento. Por primera vez deja florecer en su personaje sus sentimientos y pasión por una bella dama, pero nos quedaremos con los crespos hechos al saber que no puedo concretarse la pasión ya que la dama en cuestión pertenecía a una orden religiosa y “se había casado con el señor”.
Además de describir la esclavitud, detalla los últimos momentos en los capítulos siguientes que trata de la acusación, juicio, estancia en la cárcel, ejecución y entierro, todo ello provocado injustamente por un tal Juan Martínez quien llevado por la ambición y codicia, traiciona a Diego Rey de Castro, haciéndolo pisar el palito.
Juan Martínez tenía un interés político y anhelaba llegar al mismísimo reino de España con un cargo importante, pero tenía enemigos políticos y como sabia del espíritu justiciero de Diego, induce a éste a denunciar a algunos representantes del poder virreinal. Para eso le cuenta a modo confidencial algunas fechorías y robos realizados por ellos, Diego no se hizo esperar y denunció el hecho, enviando cartas al rey. Cuando la denuncia fue pública, es decir cuando fue conocido por los denunciados, ellos utilizaron todas sus influencias y triquiñuelas para revertir el hecho y convertir al denunciante y denunciado. Es la coyuntura propicia para acusarlo de idólatra, además sale a relucir una acusación hecha a Sebastián Benalcázar por asesinato, recordemos que Diego se había cambiado el nombre para evadir la seguridad. Aunque el ahora acusado argumenta no haber sido el autor del asesinato de su esposa, sino más bien fruto de un accidente, esto no le sirve para ser condenado y ejecutado.
El ultimo capitulo es el diario, donde deja constancia que fueron las prácticas indígenas las que lo convirtieron en una persona más abierta, también señala a los españoles como “idolatras del oro”. De otro lado queda la incertidumbre e incomprensión por parte del interlocutor sobre prácticas paganas y sacrificios humanos quedando sin embargo, sentenciada la vigencia de éstas costumbres.